Por: Ivelisse Morales Rodríguez, PhD
@MujerPaTi
Uno de los retos más grandes en la vida diaria de los padres es el proceso de disciplina con los hijos. El Señor espera que les disciplinemos (Pr. 29:17), enseñemos el camino recto (Pr. 22:6) y le mostremos lo correcto de lo que no lo es (1R. 1-6). Es una tarea ardua pero no tiene que ser amarga ni extenuante si los padres se educan para estar en una mejor posición para ejercerla de manera afirmativa y efectiva.

Disciplinar es ayudar a los hijos a desarrollar formas de conductas que sean adecuadas para la convivencia diaria y los ayuda a formar rasgos de carácter. Cuando se ejerce adecuadamente, genera mejores relaciones entre padres e hijos, facilita la comunicación, la colaboración, el respeto y el afecto mutuo.

Una disciplina efectiva se guía por las siguientes reglas generales:

  • Base de Amor: tiene que haber una relación afectiva buena entre los padres y los hijos (cariño y aceptación). El/La niñ@ debe sentir seguridad de que “papi y mami me quieren” y que la disciplina o el regaño no significa que “me han dejado de querer”.
  • Respeto: hay que respetar al niñ@ como persona y tratar de que mantenga una imagen propia positiva. Al disciplinar, debemos diferenciar lo que el niño hace y lo que el niño es. Se censura el acto y no al niño. Ej. No es lo mismo decir al niño “Tú eres un mentiroso” que decir “Eso no es cierto”. Al hablar con otras personas sobre el/la niñ@, debemos mencionar sus cosas buenas y no señalar sus defectos.
  • Armonía y Acuerdo: los padres deben compartir y llegar a acuerdos sobre cuáles son las normas de disciplina que desean impartir en el hogar. Deben discutirlas en privado y no frente a los niñ@s. Cuando un padre toma una medida disciplinaria, el otro debe respaldarla, excepto en casos de maltrato. Si los hijos no tienen las normas claras, no puede esperarse un comportamiento deseado.
  • Consistencia: cuando se quiere corregir un comportamiento, hay que hacerlo cada vez que ocurra. Si le permite en unas ocasiones, y en otras no, crea confusión en el niño. Además, esto tiene como consecuencia que la conducta no deseada se repita con más frecuencia e intensidad.
  • Buen Ejemplo: no podemos corregir en nuestros hij@s un mal hábito que nosotros tenemos. No olvidemos que el Señor nos dice que debemos ganarnos el respeto de los hijos con nuestro ejemplo (1 Ti. 3:4).
  • Refuerzo positivo: se debe reforzar los actos o conductas positivas. Reconocer al hijo la buena conducta y premiarlo por eso (darle un beso, un halago, un abrazo, un regalo, palabras de aliento frente a otras personas) es lo que llamamos refuerzo positivo. Esto aumenta la posibilidad de que la conducta positiva se repita en el futuro.
  • Costo de Respuesta: en ocasiones en las que el niñ@ manifiesta una conducta negativa, se puede reprender quitándole por un período de tiempo algo que le gusta (ej. ver televisión, correr bicicleta). No puede quitársele el alimento como forma de corrección. Tampoco debe llevarse al niño a dormir como forma de castigo, ya que el dormir no debe asociarse con castigo porque puede traer consecuencias negativas en patrones de sueño. El castigo siempre debe estar balanceado con formas de refuerzos positivos. No podemos estar castigando a un niñ@ todo el tiempo. Nuestros hijos hacen cosas positivas y debemos estar alertas a éstas para reforzarlos positivamente y fomentar una autoestima saludable.
  • Castigo Físico: nosotros, profesionales de la salud mental, no favorecemos esta forma de disciplina. Esta debe ser la última alternativa para disciplinar a los niñ@s. La realidad es que la disciplina física no lleva al niño a aprender el comportamiento adecuado que deseamos, sino que más bien tiene el efecto de detener la conducta en el momento pero no garantiza que no volverá a repetirse, ya que no se promueve un aprendizaje persé.

Si se utiliza, debe ser con cuidado de no tocar al niñ@ en otras partes del cuerpo que no sean sus nalgas. Nunca utilice objetos para castigar físicamente a un niño. No utilice correas, hebillas, etc. Use sólo sus manos y no se debe dar más de una nalgada.

Recuerde que usted castiga para corregir una conducta y no da una nalgada para descargar sus tensiones y frustraciones. Si usted marca al niñ@ o le hace algún tipo de daño corporal, constituye maltrato. La ley protege a los niñ@s y usted también debe protegerlos. Si usted siente que no puede lidiar con la disciplina de sus hij@s, busque ayuda profesional inmediatamente.

Perseverancia: necesitamos desarrollar la mentalidad clara de que la crianza es un proceso de toda la vida; gradual. Cambiar la conducta del niñ@ no se logra de un día para otro. Requiere tiempo pero al final se ven los resultados positivos si hemos realizado una paternidad efectiva.

ivelisse moralez

 

Ivelisse Morales Rodríguez, PhD
Psicóloga Clínica Pediátrica
www.draivelissemorales.com

 

 

 

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