Hay personas que por causa de malas decisiones del pasado viven una vida  amargada y pa’ colmo quisieran amargársela a los demás. Pero no pueden, porque no se dan cuenta que los demás pasaron página y están escribiendo un presente con amor, fe, esperanza y perdón. Sí, perdón.

Es sumamente importante aprender a perdonar, pero sobre todo a nosotras mismas porque, cuando lo hacemos, inmediatamente se comienzan a sanar las heridas del pasado.

Pueden existir muchas cosas, razones poderosas para tú estar dolida, pero de qué te vale arrastrarlas cuando los demás viven su vida como si nada.

Sé que no es fácil, pero se puede. Y lo más increíble es que cuando lo logras, literalmente, sientes que te quitaste un gran peso de encima. Tú y yo sabemos lo poderoso que es perdonar, no es un tema nuevo. Lo que pasa es que del dicho al hecho va un largo trecho, ¿verdad?

Todas, cuando conversamos, tenemos alguna vivencia que nos amarga, lastima, hiere, enoja, entristece y por ahí podríamos seguir. Pero, ¿qué quieres? ¿Que te tengan lástima? ¿Que tu familia más cercana te vea como una mujer amargada? Sí, porque siempre sacas el mismo tema, siempre vienes con la misma lagrimita y créelo o no, a tus espaldas dicen: ‘aquí está otra vez con el mismo show’. O probablemente dicen que eres incapaz de ser autosuficiente porque mantienes el llorao de lo mismo.

¿Para qué seguir ahí? Si sabes que hasta estás perdiendo el sentido común. ¿De qué te vale tomar decisiones y acciones de las cuales luego te puedas arrepentir? Todo por buscar un responsable.

Mujer, tú podrás tener toda la razón o no, pero hay un presente que vivir. Y la gente que está alrededor tuyo no tiene la culpa de tu pasado. No todos van a poder comprenderte, por lo tanto, pasa página. Perdónate, ámate y olvida.

No sigas permitiendo que esos pensamientos malos lleguen a tu corazón. Recuerda que a medida que perdonemos a los demás, Dios perdonará tus faltas. Asume tu responsabilidad y deja de llenarle la cabeza a los demás con tus frustraciones.

Tienes un presente hermoso, que lo verás y disfrutarás cuando decidas ser diferente, por ti, para ti y el  bien de los demás.

Todas queremos estar felices, pero es imposible tener toda la felicidad y eso tú lo sabes. Pero tenemos la solución en nuestras manos. Vamos a pisotear esa amargura, enojo, y vamos a vivir agradecidas con lo que está, con lo que tienes y te rodea.

Vive feliz y entierra a la mujer amargada. Vamos relájate, deja que los demás trabajen con su situación, si después de todo, lo mejor que hizo el cheche de todo esto, Dios, es un día tras de otro.

Dios te Bendiga!

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