Probablemente te encuentres en un desierto más grande que la sequía que está viviendo nuestro país. Porque aunque no llegue el agua a la casa, siempre una llovizna nos resuelve. Es aquel desierto en el que no ves la salida, te sientes sola, no lo entiendes y tampoco encuentras la respuesta.

Es ese tiempo en el que quisieras salir corriendo, pero no tienes fuerzas para gritar. Y aunque suene un poco fuerte, a veces es necesario vivir estos momentos, que desde ya te aseguro, no serán eternos.

Ahora, créelo o no, tú puedes utilizar ese tiempo para crecer, fortalecerte, aprender, madurar, confiar y soltar. Siiii, soltar todo aquello que tú sabes no te pertenece, que te limita, minimiza y atrasa. Es un tiempo en donde puedes dejar ir a aquellos, no porque no los quieras, sino porque no te aceptan, respetan ni quieren.. Vas viendo por donde te quiero llevar?? Todo en la vida tiene un propósito, y siempre será bueno y de crecimiento, aunque nos cueste.

Si regresamos a la sequía del país, esta nos ha llevado a agradecer cada lluvia que cae, a esperar con paciencia que nuestras plumas suelten ese líquido tan preciado. Tú no crees que estamos recordando hasta a ser precavidos, reconociendo que no podemos estar desperdiciando el agua. De eso se trata, de pensar, recordar como cuidabas, canalizabas, trabajabas tus sueños y anhelos. Este desierto puede tener un propósito poderoso, así que vamos a utilizarlo a nuestro favor. El desierto, nos prueba, nos da duro, pero te da una nueva oportunidad de ver la vida de otra perspectiva.

Sabes, lo más maravilloso es que no estás sola, NO!!! Al contrario, Dios siempre ha estado contigo, acompañándote y no te haz caído porque Él te ha sujetado. Él es el único que entiende el porque de nuestras lágrimas, nuestro silencio y tristeza. Te cuento que antes que naciera mi segunda hija Lara, yo tuve una pérdida. Tenía 3 meses de embarazo, vivía en España, todo se veía muy bien hasta que me hicieron una ecografía y se dan cuenta que el corazón ya no latía. Sin poder reaccionar, me llevaron corriendo a una sala y cuando desperté…ya mi bebe no estaba. Desde ese día entré en un desierto, lo caminaba sin parar, sin detenerme a reconocer las bendiciones que me rodeaban. Me olvidé que alrededor de mi tenía seres maravillosos que me amaban y necesitaban. Pero una mañana, Dios me recordó que ÉL ESTABA EN CONTROL. Que mirara el sol que se asomaba por la ventana y que así como él subía brillando, así Él quería verme. Entendí que era tiempo de demostrar en quien yo creía. Para Él, tú y yo somos importantes, y por eso en medio de tu desierto puedes creer que Dios puede hacer florecer milagros. Por eso Mujer, sécate las lágrimas, párate y descubre la belleza de tu desierto, el porque en tu vida.

Anda, aprovecha y entrénate recordando y declarando las promesas que Dios tiene para ti. Y para finalizar, te recuerdo que el enemigo no le tiene miedo al que entra al desierto, sino al que sale. Porque sales VICTORIOSA!!!!

Dios te Bendiga!!!

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